|
EL TRABAJO COLABORATIVO EN SITUACIONES NO
PRESENCIALES
COLLABORATIVE WORK IN NON-PRESENT SITUATIONS
Mª Begoña Alfageme González.
Universidad de Murcia
Resumen.
Presentamos algunos de los resultados obtenidos tras el estudio de dos
experiencias educativas no presenciales. Dichas experiencias tuvieron
lugar durante los cursos 2000 y 2002 con alumnos universitarios españoles.
Nuestro principal objetivo era conocer cómo se trabaja en un entorno
no presencial y qué relaciones interpersonales producen al trabajar
de un modo colaborativo.
Palabras clave: Enseñanza no presencial, trabajo colaborativo.
Abstract.
We present some results obtained in the study of two on-line educative
experiencies. They took place during the courses 2000 and 2002 with Spanish
universitary students. Our main goal was to know both the way of working
in a telematic network and the interpersonal relations motivated by the
work in a collaborative style.
Keywords: e-learning, collaborative work.
1. Introducción.
Cuando planteamos nuestra investigación queríamos
conocer cómo se trabajaba en un entorno no presencial de un modo
colaborativo y qué tipo de relaciones interpersonales se producían
entre los sujetos que en él trabajaban (Alfageme, 2003). Más
concretamente, pretendíamos dar respuesta al problema: "¿Qué
características pedagógicas tiene la interrelación
social provocada por el trabajo colaborativo en grupo a través
de redes telemáticas creadas entre sujetos españoles univesitarios?".
Para ello diseñamos dos experiencias educativas en las que alumnos
universitarios trabajaban de un modo colaborativo en un espacio no presencial.
Experiencias que analizamos con profundidad a lo largo del tiempo en que
se plantearon, concretamente entre los años 2000 y 2002, ocupando
cada una de ellas en torno a dos meses de trabajo o interacción
entre los alumnos.
Con relación al tipo de sujetos que han participado en nuestras
experiencias podemos destacar que se trata de alumnos universitarios que
realizan estudios impartidos en la Facultad de Educación de diferentes
universidades españolas (Pedagogía, Educación Social,
etc.) y en distintos cursos con una edad media de 23 años. Predominan
entre ellos los sujetos que tienen ordenador y lo utilizan habitualmente
con un dominio aceptable, sintiéndose en general atraídos
por la informática, aunque en la mayoría de los casos no
habían utilizado el entorno telemático que usamos a la hora
de trabajar a distancia, el BSCW. Asimismo destaca el hecho de que una
gran mayoría de ellos no habían recibido formación
reglada en informática.
En el transcurso del estudio se han analizado datos recogidos con diferentes
materiales e instrumentos que nos han ayudado a contrastar distintas hipótesis
y a obtener resultados para dar respuesta al problema inicialmente planteado,
todo ello agrupado siguiendo cinco grandes objetivos que retomamos ahora
para sistematizar las conclusiones obtenidas:
OBJETIVO 1. Verificar si las actitudes, formación y uso
de los sujetos hacia la informática condicionan el trabajo colaborativo
realizado por los sujetos a través de las redes telemáticas.
OBJETIVO 2. Analizar las interrelaciones personales que se producen
a la hora de realizar un trabajo colaborativo mediante redes.
OBJETIVO 3. Observar la evolución que los sujetos han tenido
en sus habilidades de relación y comunicación con el resto
del equipo.
OBJETIVO 4. Analizar y valorar las posibilidades educativas que
el trabajo colaborativo mediante redes telemáticas tiene para la
enseñanza en un contexto universitario.
OBJETIVO 5. Analizar la relación entre las experiencias
realizadas de trabajo colaborativo mediante redes telemáticas.
2. Trabajo colaborativo telemático vs. actitudes,
formación y uso de los sujetos hacia la informática.
En relación con el primero de los objetivos propuestos podemos
decir que, en general con los datos recogidos, el género de los
participantes no condiciona ninguno de los aspectos analizados: las actitudes
hacia los ordenadores, el uso de los ordenadores, el dominio del ordenador
como herramienta de trabajo y de comunicación, el número
de servicios o utilidades informáticas que usan los sujetos, el
nivel de uso que hacen de los servicios informáticos o la valoración
que realizan de los diversos servicios informáticos. Resultados
que "rompen" el tópico de que son los chicos los que
más se acercan a la informática y los que mejores actitudes
tienen hacia ella.
Por otra parte, si comparamos las opiniones recogidas en ambas experiencias
educativas, podemos ver que, aunque en distinto grado, los participantes
coinciden en valorar al ordenador como: complicado frente a simple, nada
práctico frente a muy práctico, socializador frente a aislador,
estúpido frente a inteligente, amigable frente a complejo y accesible
frente a inaccesible. No poniéndose de acuerdo en el resto de los
pares valorados (beneficioso/perjudicial, grupal/individual, usual/novedoso,
motivador/desmotivador, cómodo/incómodo, imprescindible/prescindible,
preciso/inexacto, controlable/incontrolable, importante/trivial, facilitador/entorpecedor,
útil/inútil, educativo/pernicioso, ahorra tiempo/exige tiempo,
valioso/sin valor, eficaz/ineficaz, agradable/desagradable, necesario/innecesario,
ágil/torpe, manejable/dominante, flexible/rígido, entretenido/aburrido).
Otros datos obtenidos nos indican que la situación personal del
alumno respecto al medio informático no condiciona el resultado
de su trabajo. En este sentido no aparecen diferencias estadísticamente
significativas en ninguna de las variables analizadas para contrastar
esta hipótesis, en la que hemos comparado la puntuación
obtenida en la evaluación final de cada sujeto con variables como
disponibilidad de ordenador en casa o en la universidad, nivel de utilización
del ordenador, nivel del conocimiento del uso del medio informático,
dominio del ordenador como herramienta de comunicación y de trabajo
y la formación que los alumnos tienen sobre informática.
Sin embargo encontramos datos contradictorios en ambas experiencias en
cuanto a si las buenas opiniones y actitudes de los sujetos ante las redes
y los ordenadores en general favorecen el trabajo realizado.
En otro sentido al estudiar si el conocimiento y el nivel de uso que los
participantes tienen del entorno utilizado (BSCW) condiciona la realización
del trabajo posterior, comprobamos que no es así, tras contrastar
las variables, conocimiento y nivel de uso del BSCW, con las variables
realización del trabajo y puntuación final obtenida en su
trabajo.
Asimismo recogimos datos con un análisis descriptivo en relación
con los servicios y utilidades informáticas que los sujetos dicen
utilizar, así como con la valoración que otorgan a cada
uno de dichos servicios. Sobre el uso del ordenador destacan:
- En la primera experiencia no han sido señalados por ninguno de
los participantes servicios o utilidades del ordenador como los sistemas
de videoconferencia, la hoja de cálculo, Telnet, la gestión
y administración o la formación y el perfeccionamiento docente.
Mientras que en la segunda esta lista se reduce no señalándose:
Telnet; FTP; sistemas de videoconferencia; bases de datos. Observemos
que mientras que en esta última se señalan servicios o software
informático concreto, en la primera se señalan utilidades
de la informática.
- Entre los servicios y utilidades más señalados están
en la primera experiencia: el procesador de textos, editar documentos,
los navegadores y el correo electrónico; mientras que en la segunda
la lista se amplía al señalar todos los sujetos: editar
documentos, tratamiento de imágenes y/o gráficos, gestión
y administración, investigación y búsquedas de información,
procesador de textos, editor de presentaciones y correo electrónico.
Observamos la opción de trabajo en grupo no es prácticamente
señalada en ninguna de las experiencias, cosa sorprendente teniendo
en cuenta que es el trabajo que están realizando y para el cual
se les pedía esta evaluación es trabajo en grupo, esto nos
puede indicar un cierto prejuicio no explícito de las tareas que
están llevando a cabo.
Respecto a la valoración que los sujetos han aportado de los distintos
servicios telemáticos, en la primera experiencia los alumnos consideran
entre los peor valorados jugar y el IRC o Chat, siendo curiosamente los
más populares entre la gente joven; mientras que sitúan
entre los más valorados el editar documentos, el editor de imágenes
o diseño asistido por ordenador y la gestión y administración.
En la segunda los servicios o utilidades informáticas peor valoradas
fueron: la formación y el perfeccionamiento docente, el jugar,
el trabajo en grupo, divulgación de información y los sistemas
de videoconferencia; mientras que entre los mejor valorados encontramos:
el uso educativo (ej.: motivar a los alumnos, presentar información,
realizar actividades, etc.), el tratamiento de imágenes y/o gráficos,
la gestión y administración, el editor de imágenes/diseño
asistido por ordenador, el editor de presentaciones, y el Telnet. Como
podemos observar, por tanto las coincidencias entre ambas experiencias
son que valoran mal jugar y sitúan entre los mejores servicios
al editor de imágenes/ diseño asistido por ordenador, así
como a la gestión y administración. Esta última valoración
nos parece bastante lógica, puesto que la mayor parte de nosotros
utilizamos la informática y el ordenador para tareas administrativas.
Con todos estos datos podemos concluir, en relación al objetivo
estudiado, que las actitudes, formación y uso de los sujetos hacia
la informática no condicionan el trabajo colaborativo realizado
por los sujetos a través de las redes telemáticas.
3. Trabajo colaborativo mediante redes vs. interrelaciones
personales.
Con relación al segundo de los objetivos propuestos los resultados
nos indican que los sujetos que más intervenciones realizan en
el entorno y más interactúan con sus compañeros no
tienen una percepción más positiva de la experiencia. Estos
resultados se evidencian tras contrastar la variable interacción
total de los participantes con todas las variables principales sobre evaluación
durante las experiencias: la autoevaluación que ellos mismos realizan
en la primera experiencia, así como, la valoración general
en la realización del trabajo o heteroevaluación y la evaluación
externa realizada de las dos experiencias. Tampoco la buena opinión
de los sujetos sobre las redes y los ordenadores en general aumenta la
cantidad de interrelaciones sociales con otros miembros del grupo. Resultados
obtenidos después de contrastar la variable intervenciones totales
con aquellas que representan la suma de las puntuaciones en los pares
de adjetivos o actitud hacia el ordenador, y las veces que los sujetos
utilizan el ordenador.
Sin embargo los sujetos que se sienten atraídos hacia el mundo
de la informática y las telecomunicaciones realizan más
intervenciones o interrelacionan mucho más a lo largo de la primera
experiencia desarrollada. Con respecto a la segunda experiencia no hemos
podido contrastar el dato porque todos los alumnos participantes se sentían
atraídos por este tema.
A la hora de comprobar si existen relaciones significativas entre las
características previas de los sujetos y la interacción
con los demás sujetos participantes en la experiencia o eventos
activos realizados durante el trabajo colaborativo, contrastamos diferentes
variables con la interacción activa de los participantes en el
entorno de trabajo como: género, curso, edad, las actitudes, el
nivel de uso del ordenador, formación informática o el nivel
de uso del BSCW. Los datos recogidos en ambas experiencias nos demuestran
que no existen relaciones significativas entre características
de los sujetos como el género, curso en el que están matriculados
los sujetos, edad, nivel de uso que los alumnos dicen tener del ordenador,
o la formación en informática de los alumnos. En este sentido
remarcar que nuestros resultados están en la misma línea
que Caballo (1993) y otros muchos investigadores, al no encontrar diferencias
con respecto al impacto de la variable sexo en las situaciones sociales.
Sin embargo los datos son contradictorios con respecto a otras dos características
analizadas, puesto que en la primera experiencia realizada obtenemos una
respuesta afirmativa que nos indica que las actitudes de los sujetos participantes
en la experiencia realizada ante los ordenadores condicionan el número
de intervenciones activas que tienen estos dentro del entorno de trabajo,
y el mismo resultado respecto a el nivel que los sujetos tienen del uso
del entorno de trabajo BSCW. Mientras que en la segunda experiencia los
datos nos indican que no existen diferencias significativas respecto a
estas dos características.
Exactamente los mismos resultados obtuvimos cuando tratamos de conocer
si existen relaciones significativas entre las características
previas de los sujetos y el número de interacciones con el software
o eventos pasivos que el sujeto lleva a cabo durante el desarrollo de
la experiencia de trabajo colaborativo. Es decir no existen realaciones
entre características previas de los sujetos como el género,
el curso en el que están matriculados los sujetos, la edad, el
nivel de uso que los alumnos dicen tener del ordenador, la formación
en informática de los alumnos; y los datos se contradicen en dos
aspectos, las actitudes de los sujetos participantes en la experiencia
realizada ante los ordenadores y el nivel que los sujetos tienen de uso
del entorno de trabajo (BSCW), que condicionan el número de intervenciones
pasivas que tienen los sujetos dentro del entorno de trabajo según
la primera experiencia y no lo hacen según los datos de la segunda.
Otra de las interacciones analizadas a lo largo del trabajo ha sido aquella
que se producía en el entorno por parte de los participantes, utilizando
tres variables para cada tarea eventos totales, eventos activos y eventos
pasivos, es decir, número de intervenciones de los sujetos con
el entorno. Por ello, hablamos de eventos pasivos cuando el alumno, por
ejemplo, lee los documentos del entorno, mientras que hablamos de eventos
activos cuando modifica archivos, versiona documentos o pone notas en
el mismo.
Aunque el número de dichos eventos no es comparable en cantidad
entre las dos experiencias que hemos llevado a cabo, por la diferencia
de duración de las mismas y la diferencia en el número de
participantes iniciales, si podemos extraer algunas conclusiones de los
datos recogidos. En general, podemos ver que en ambas experiencias predominan
los eventos pasivos, de hecho en ambas existían participantes que
sólo han realizado este tipo de eventos y no han realizado durante
la duración de la experiencia ningún evento activo. Y también
que el número de intervenciones realizadas en el entorno han sido
muy bajas en ambas experiencias. De hecho los participantes que realizaron
en su totalidad las experiencias se quejaban constantemente de la poca
o nula participación de sus compañeros y de la falta de
interacción con ellos. Así el volumen de operaciones o eventos,
resultado de la interacción de los participantes con el entorno
de trabajo colaborativo BSCW, ha sido ligeramente mayor en la primera
experiencia que en la segunda, siendo los eventos activos en el primer
caso del 28.91% y en el segundo del 23.61%.
En esta misma línea hace recientes fechas Román (2002) obtuvo
como resultado al analizar un efecto semejante al que aquí presentamos
que predomina la lectura de documentos y enlaces, alcanzando un 57.61%
del total de las operaciones. También nos argumenta que este predominio
de las funciones de lectura o consulta de información es razonable
en un trabajo realizado con el entorno de trabajo BSCW. En cualquier caso
nosotros hemos considerado la lectura de documentos como conducta pasiva,
puesto que creemos que estamos tratando de estudiar un trabajo colaborativo
y que por lo tanto deben primar el número de interacciones entre
los sujetos y no el trabajo individual de los alumnos.
Sin embargo la observación constante de nuestras experiencias educativas
nos asegura que en la segunda experiencia los participantes llegaron a
utilizar una mayor variedad de eventos, lo cual demuestra una mayor capacidad
de los participantes para aprender del entorno y con el entorno de trabajo.
Analizamos también la interacción producida entre los participantes
y la moderadora, cuantificando y analizando los mensajes de correo electrónico
en los que se plasmó el contacto o la comunicación durante
las experiencias que se produjo de un modo bidireccional. En la dirección
moderadora- alumno, la interacción se utilizó en general,
es decir, con mensajes a todos los participantes, para informar de las
tareas asignadas y para recordar los plazos o tiempos marcados para la
realización de las mismas. Fue menor en la segunda experiencia
puesto que en este caso toda la información sobre las tareas a
realizar y en qué consistía la experiencia fue explicada
a los alumnos en una página web creada con tal efecto. Por otro
lado, la comunicación alumnos- moderadora, se pretendía
en un principio al diseñar la experiencia que se realizara dentro
del entorno de trabajo colaborativo BSCW y sólo se utilizara el
correo electrónico para enviar al tutor los instrumentos de evaluación.
Sin embargo, la comunicación se centró más fuera
que dentro del entorno de trabajo, de hecho más de la mitad de
los mensajes que recibimos no enviaban las tareas pedidas, sino que eran
consultas, dudas o problemas que les surgían sobre cómo
utilizar el BSCW, o sobre cómo continuar con la experiencia, o
bien se quejaban de la baja participación de sus compañeros.
La prueba de ello es que las dudas y consultas particulares ocuparon parte
de nuestro tiempo durante la realización de las experiencias.
El hecho de que los mensajes y la interacción alumno- moderadora
se produjera mayoritariamente fuera del entorno nos lleva a considerar
que la participación y la interacción que se produjo entre
el tutor y los alumnos era baja. Así en la primera experiencia
prácticamente no se utilizaron nada las posibilidades del entorno
de trabajo en este sentido. Sin embargo, la interacción alumno-
moderadora fue mejor en la segunda experiencia, en este caso si se produjo
interacción dentro del entorno, contestando los alumnos a las notas
creadas por la moderadora o a la inversa, puesto que en algunos casos
la moderadora realizó preguntas dentro del entorno para que los
alumnos añadieran sus opiniones.
4. Evolución de las habilidades de relación
y comunicación en los sujetos.
Las experiencias realizadas, para dar respuesta al tercero de los objetivos
propuestos en nuestra investigación, nos indican que el trabajo
colaborativo mediante redes no aumenta la asertividad de los sujetos que
participan en él. Y mientras que en la primera experiencia los
resultados indican que el grado de asertividad inicial que tienen los
sujetos condiciona la realización de la tarea, en la segunda experiencia
indican que no. No condicionan en ningún caso la realización
del trabajo, como es lógico, la puntuación final individual
de asertividad. Tampoco se demuestra que una puntuación de asertividad
mayor, tanto al inicio como al final de la experiencia, determine una
mayor puntuación en la evaluación de ambas experiencias.
Para estudiar la percepción que tienen los participantes de los
roles, o que pueden desempeñar dentro del grupo, cuando coinciden
con los que realmente desempeñan mejorar el trabajo realizado,
contrastamos las variables de los roles desempeñados por los alumnos
en las diferentes tareas o fases y las puntuaciones que obtienen en cada
una de ellas. Los datos obtenidos en ambas experiencias nos indican que,
en cada una de las tareas o fases de las que se componen las experiencias
realizadas, el rol que cada alumno representa no condiciona el trabajo
realizado por ellos o heteroevaluación.
En cuanto a la comunicación entre los sujetos que participan mejora
al avanzar al experiencia, comparamos la variación de eventos pasivos
y eventos activos que los sujetos habían ido realizando en cada
una de las tareas encomendadas durante el trabajo colaborativo, obteniendo
en ambos casos que dicha comunicación no mejora.
Por otra parte en el análisis descriptivo también hemos
obtenido datos que nos ayudan a clarificar el objetivo que analizamos.
Así respecto a las habilidades sociales de los sujetos, utilizamos
un "Cuestionario de habilidades sociales o Escala de Asertividad
de Rathus", tanto al principio como al final del trabajo colaborativo
realizado, para conocer si las habilidades sociales de los sujetos variaban
a lo largo de las experiencias no presenciales. En rasgos generales podemos
decir que las puntuaciones de asertividad de los participantes en la segunda
experiencia superan a las de la primera tanto en la puntuación
inicial considerada como en la final, pero mientras que en la primera
experiencia la variación entre la puntuación media inicial
y la final en habilidades sociales varía considerablemente, en
la segunda experiencia prácticamente se mantiene estable. Sin embargo
podemos destacar que:
- Durante la primera experiencia los resultados recogidos parecen indicar
que la puntuación de la asertividad en términos generales
ha aumentado, sin embargo la variación entre las puntuaciones para
cada uno de los sujetos que terminó la experiencia nos determinan
dos situaciones diferentes. Por un lado aquellos sujetos cuya puntuación
inicial y final está por encima de la media del grupo de participantes;
y por otro un sujeto que empeoró su puntuación notablemente,
situándose en la primera puntuación por encima de la media
y en la última por debajo de la misma.
- En la segunda experiencia, ocurre una situación similar, en general
parece que la puntuación media de la asertividad ha aumentado,
aunque baja la puntuación máxima debido a que los sujetos
que han finalizado el trabajo colaborativo bajan ligeramente su asertividad
después del mismo.
Además encontramos que la comunicación entre el grupo, según
la autoevaluación que los propios participantes hacen, se realiza
en la primera experiencia en su mayor parte por correo electrónico;
sin embargo, durante la segunda experiencia, la comunicación entre
el grupo según los participantes ha sido sobre todo dentro del
entorno de trabajo BSCW.
Una de las grandes ventajas del aprendizaje colaborativo es que el alumno
puede conocer su propia forma de trabajar con la ayuda de su capacidad
o habilidad para autorregularse o autoevaluarse, reflexionando sobre lo
que hace durante el ejercicio de sus actividades. Pero también
puede autorregular su actividad observando a sus compañeros. Por
ello pensamos que uno de los problemas que han surgido en el trabajo realizado
en ambas experiencias es que la no participación de muchos de los
alumnos han infundido a los que realmente participaban en dudas sobre
las capacidades propias para la realización con éxito de
la experiencia, este hecho lo podemos comprobar en los muchos mensajes
que la moderadora recibió sobre este punto, pero también
en las opiniones finales recogidas de los alumnos donde expresan sus dudas
sobre si la experiencia hubiera salido mejor si ellos hubieran hecho cosas
distintas a las que realmente habían realizado. Se han dejado arrastrar
en muchos casos más por los fracasos que por aquellos compañeros
que podían servirles de modelo positivo y que podían convencerles
que también ellos estaban en disposición de realizar correctamente
la tarea acometida. No se ha producido en la mayor parte del trabajo realizado
en ambas experiencias la retroalimentación natural a través
de la interacción social que, según Rué (1998), es
un elemento clave para explicar los efectos positivos del aprendizaje
en cooperación, y con ello los participantes no han disminuido
su grado de dependencia respecto a la moderadora de la experiencia.
5. Posibilidades educativas del trabajo colaborativo con redes y relación
entre experiencias.
Para responder al objetivo cuarto tratamos de estudiar el cambio de resultados
en las diferentes tareas o fases de las dos experiencias educativas. Concretamente
queríamos saber si al comparar las tareas de cada experiencia obtenemos
una mejora en las variables que hacen referencia al resultado del trabajo
realizado, aspectos como: autoevaluación, heteroevaluación,
evaluación externa y evaluación final de los sujetos. Para
ello comparamos entre las diferentes evaluaciones efectuadas en todas
las tareas encontrando que no mejoran, según se van realizando
las tareas, las puntuaciones otorgadas por la moderadora o evaluación
externa, ni la suma de todas las evaluaciones de cada tarea, ni la autoevaluación
del grupo realizada por los alumnos en la experiencia primera. Sin embargo
sí mejora la puntuación que los sujetos obtienen en la realización
de las tareas según va realizándose la experiencia primera
y no lo hace en la segunda experiencia.
Con relación al quinto y último de los objetivos analizamos
la relación entre las dos experiencias objeto de nuestro estudio,
comprobando si existían diferencias significativas entre ellas
y algunos de los resultados obtenidos en diferentes aspectos como: actitudes
de los sujetos ante el ordenador, si los sujetos usaban el BSCW, el nivel
de uso del BSCW, el número de servicios informáticas que
dicen utilizar los sujetos, los eventos activos que realizan en el entorno,
el número de intervenciones totales o las valoraciones que los
sujetos sobre los diferentes servicios y utilidades informáticas.
Analizamos cómo afectó a los participantes en el trabajo
colaborativo la realización de la experiencia en uno u otro momento
con relación a diferentes variables. Así obtuvimos que no
dependen de la experiencia realizada variables como: si han usado el entorno
BSCW, el nivel que tienen los sujetos sobre el uso del entorno BSCW, el
número de utilidades informáticas que el sujeto utiliza,
los eventos activos totales realizados por los sujetos, el número
de intervenciones totales en el entorno de trabajo, o las valoraciones
que los sujetos hicieron de los diferentes servicios informáticos.
Mientras que la actitud de los sujetos es distinta en las experiencias
realizadas, a favor de la segunda, puesto que el rango promedio de las
puntuaciones es de nueve puntos, siendo de cuatro en la primera.
Como podemos ver en todo este bloque de variables analizadas sólo
una de ellas nos ofrece diferencias estadísticamente significativas,
obteniendo que las actitudes de los sujetos ante los ordenadores y la
informática que participaron en la segunda experiencia realizada
era mayor que las de aquellos sujetos que participaron en la primera,
de hecho se obtiene un promedio superior al doble. Esto quizás
se deba a que durante la segunda experiencia la moderadora intentó
explicar con más detalle a aquellos sujetos que estaban interesados
en qué iba a consistir la experiencia y se implicó mucho
más en la motivación para que participaran, mientras que
en la primera experiencia este papel se suponía lo jugaban los
profesores que les facilitaban participar en la experiencia desde cada
una de las distintas Universidades.
De hecho al observar que esto podía ser una carencia de la primera
experiencia realizada, la moderadora se planteó cambiar su papel
en la segunda y optar por ser más participante junto con los alumnos,
sobre todo en tareas de motivación para continuar realizando el
trabajo colaborativo. Esto nos lleva a pensar que el papel del moderador
en una experiencia de trabajo colaborativo no presencial debe ser aún
más activo de lo que en un principio se supone según la
teoría estudiada. Se suele decir que el rol del profesor en este
tipo de docencia tiene que cambiar y hacerse más facilitador y
dinamizador, sin embargo, cuando se plantean experiencias de este tipo
los profesores que participan tienden a esperar a que sean los alumnos
los que pregunten o planteen dudas. Esto en nuestra opinión es
un error que debería ser corregido desde el principio. El profesor
o tutor de un trabajo no presencial debe constantemente estar interactuando
con los alumnos para marcar el ritmo adecuado para la realización
del mismo y aún así, habrá alumnos que no lo seguirán.
Además también calculamos una nueva variable que nos diera
el nivel de utilización que los sujetos hacían del ordenador
de una forma más cuantitativa, otorgando diferentes puntuaciones
según señalaban los sujetos los diferentes servicios según
cuatro niveles de utilización: desde el primero o nivel más
básico hasta el cuarto que hemos considerado como de más
intencionalidad educativa. Los resultados obtenidos nos indican que en
la primera experiencia los sujetos obtienen una puntuación media
de 16 puntos (mínima 6, máxima 32); mientras que en la segunda
experiencia la media se sitúa en 29 puntos (mínima 20, máxima
38). Como podemos observar con estos resultados la diferencia de utilización
de los servicios informáticos entre los participantes de una y
otra experiencia es bastante alta, aunque no lo pareciera viendo los datos
de forma aislada, puesto que de hecho la menor puntuación de la
segunda experiencia ya supera la media de la primera.
6. A modo de conclusión.
Como resumen en este trabajo de investigación destacan entre las
conclusiones antes aportadas las siguientes:
- El género de los participantes no condiciona ninguno de los
aspectos analizados.
- Ni la situación personal del alumno respecto al medio informático,
ni el conocimiento y nivel de uso que tiene del entorno utilizado (BSCW),
condiciona su trabajo posterior.
- La atracción que tienen los sujetos ante el mundo de la informática
y las telecomunicaciones no condiciona una mejora en la realización
del trabajo de los participantes, aunque si se demuestra que los que
más se sienten atraídos hacia este mundo realizan más
intervenciones o se interrelacionan mucho más.
- La actitud de los sujetos es distinta en las experiencias realizadas,
a favor de la segunda experiencia.
- Ningún participante utiliza servicios o herramientas informáticas
como el telnet o los sistemas de videoconferencias. Mientras que entre
los servicios y utilidades más señalados están
el procesador de textos, editar documentos y el correo electrónico.
- Entre los servicios telemáticos o informáticos peor
valorados en ambas experiencias los alumnos consideran los juegos. A
la vez que valoran entre los mejores al editor de imágenes o
diseño asistido por ordenador y a las tareas de gestión
y administración.
- Los resultados nos indican que los sujetos que más intervenciones
realizan en el entorno y más interactúan con sus compañeros
no tienen una percepción más positiva de la experiencia.
- Tampoco la buena opinión de los sujetos sobre las redes y los
ordenadores en general, aumenta la cantidad de interrelaciones sociales
con otros miembros del grupo.
- No existen relaciones significativas entre los eventos pasivos y los
eventos activos y las características de los sujetos como el
género, el curso en el que están matriculados los sujetos,
la edad, el nivel de uso que los alumnos dicen tener del ordenador,
la formación en informática de los alumnos.
- En general, predominan los eventos pasivos y el número de intervenciones
realizadas en el entorno han sido muy bajas en ambas experiencias. La
comunicación entre el grupo se realiza en la primera experiencia
en su mayor parte por correo electrónico; sin embargo, durante
la segunda, la comunicación entre el grupo según los participantes
ha sido sobre todo dentro del entorno de trabajo BSCW.
- La comunicación entre los sujetos que participan no mejora
al avanzar la experiencia, ni tampoco el trabajo colaborativo mediante
redes aumenta la asertividad.
- El rol que cada alumno representa en las tareas no condiciona su trabajo.
- La interacción alumno- moderadora dentro del entorno BSCW fue
baja, realizándose mayoritariamente fuera del mismo.
- La puntuación que los sujetos obtienen en la realización
de las tareas sí mejora según va realizándose la
experiencia primera y no lo hace en la segunda experiencia.
- Al analizar cómo afectó a los participantes en el trabajo
colaborativo la realización de la experiencia en uno u otro momento,
encontramos que no dependen de la experiencia realizada variables como:
si han usado el entorno BSCW, el nivel que tienen sobre el uso de dicho
entorno, el número de utilidades informáticas que el sujeto
utiliza, los eventos activos totales realizados por los sujetos, el
número de intervenciones totales en el entorno de trabajo, o
las valoraciones que ellos mismos hicieron de diferentes servicios informáticos.
- Al igual que en el trabajo colaborativo presencial, el no presencial
tiene como inconvenientes: el escaso trabajo realizado por los grupos,
la participación desigual de los componentes de los diferentes
grupos y el hecho de que las tareas o el trabajo a realizar se desarrolle
de forma más lenta con los consiguientes retrasos en el diseño
de las experiencias. Siendo la diferencia en el grado de participación
entre los alumnos integrantes del grupo el mayor problema para los participantes.
- Por ello pensamos que hay una gran necesidad de formación previa
sobre lo que es y cómo se trabaja con una metodología
colaborativa para realizar una enseñanza colaborativa no presencial.
No queremos terminar sin indicar algunas de las limitaciones
que nos hemos encontrado al realizar el presente estudio puesto que también
éstas nos pueden ayudar a mejorar otras experiencias futuras. Desde
que comenzamos éramos conscientes de que el mundo en el que nos
metíamos es muy cambiante y como tal la metodología en muchos
casos iba forzada por la situación que tratábamos de analizar,
sobre todo el procedimiento de análisis de datos y de comprobación
de hipótesis. Así, nos hubiera gustado que el número
de participantes fuera mayor, aunque hemos de reconocer que incluso con
el reducido número de sujetos que trabajaban en cada experiencia,
la labor de la moderadora se veía desbordada durante casi toda
la realización de las experiencias. Esto nos lleva a pensar que
la función del moderador o tutor de una experiencia educativa de
este tipo no puede atender a muchos sujetos a la vez si quiere hacer bien
su trabajo, las labores se acumulan y desde luego, tiene que dedicar mucho
tiempo al seguimiento de la misma para que los participantes realicen
las tareas encomendadas. Estamos convencidos que este tipo de enseñanza
requiere de excesivo tiempo por parte del moderador y que por lo tanto
no se puede llevar a cabo con grandes grupos de alumnos. Una buena solución
es distribuir el trabajo entre más de un sujeto, motivo por el
cual actualmente aparece en este tipo de experiencias la figura del tutor
o tutores, diferente a la del profesor que dirige la actividad de formación
y diferente a aquella persona que ha elaborado los contenidos o las tareas
a realizar. Esta ha sido una gran limitación en nuestro caso puesto
que no contábamos con nadie que pudiera ayudarnos en la tutorización
y seguimiento de los participantes.
En este sentido Paz (2000) nos dice que el modelo colaborativo mediante
redes requiere de un grupo interdisciplinario de profesores y exige al
tutor una mayor implicación y dedicación al proceso de enseñanza.
Por ello no creemos que se pueden realizar el trabajo en grupos de 10
o 12 participantes como ella dice, puesto que según nuestra experiencia
grupos de ese tamaño serían difícilmente "controlables"
por un solo tutor, más viable nos parece la opción de grupos
que no superen los cinco sujetos por tutor.
Otro de los handicaps que hemos tenido es la variabilidad en los calendarios
académicos de las distintas universidades españolas que
en muchos casos no permitían, a pesar de la ayuda que profesores
de las mismas nos brindaban, que se realizara una experiencia de este
tipo al no coincidir a la vez aquellas asignaturas donde podíamos
justificar el trabajo de los participantes.
Por otra parte, los resultados obtenidos no son generalizables, no era
esa nuestra intención. Pretendíamos, como ya hemos dicho,
aportar algo de luz a un tema que se está desarrollando a nuestro
entender con demasiada rapidez, no dando tiempo a reflexionar en algunos
casos sobre todo aquello que se utiliza y cómo se utiliza.
Cuando terminamos de realizar la primera de las experiencias, reflexionamos
si las tareas que habíamos planteado eran las más apropiadas
para el trabajo que pretendíamos realizar. En aras de una mejora
en nuestra experiencia de hecho cambiamos algunas cosas para realizar
la segunda experiencia. Sin embargo una vez finalizadas las dos pensamos
que la selección de las tareas realizadas eran las apropiadas.
Autores como Serrano y Calvo (1994, p. 23) nos hablan de cómo elegir
tareas para facilitar la cooperación y nosotros cumplimos los dos
aspectos fundamentales: por una parte hemos utilizado tareas de "tipo
abierto" donde los alumnos tenían que encontrar solución
a las cuestiones planteadas pero eligiendo ellos el camino que consideraran
más conveniente; y por otra, eran tareas cooperativas complejas,
puesto que pretendíamos que las aportaciones de los alumnos y la
interacción se produjera en torno al proceso y no buscando un producto
concreto. Así lo han entendido también los participantes
de las dos experiencias que valoran de forma positiva las tareas que hacen
los alumnos e incluso la propia experiencia es valorada como lo mejor
del trabajo colaborativo por los alumnos de la primera experiencia, o
como uno de los buenos aspectos que han aprendido según los comentarios
aportados por alumnos de la segunda experiencia.
Si nos atenemos a la definición utilizada en este trabajo sobre
colaboración en redes, es decir, la habilidad de que varias personas
trabajen juntas en línea con la capacidad de interactuar entre
sí y de conseguir que la información se distribuya entre
todos, los resultados de nuestro trabajo nos indican que dicha colaboración
no ha llegado a completarse en su totalidad. Creemos que, a pesar de todo,
los resultados del trabajo nos indican que "volvemos a tropezar con
la misma piedra" puesto que falla de nuevo lo señalado por
Serrano y Calvo (1994, p.100) cuando afirman que a la hora de introducir
métodos cooperativos en situaciones presenciales no funciona el
propio hecho de la cooperación que no es vista por los alumnos
como un fin en sí mismo sino como una tarea dada que hay que cumplimentar.
En nuestro caso ocurre un poco lo mismo como podemos ver en las aportaciones
que los sujetos hacen cuando interaccionan con la moderadora de la experiencia,
constantemente preocupados en si se va a terminar el trabajo concreto
que señala la tarea y no tanto en cómo se está realizando
ese trabajo, a pesar de que esto se les explicó al principio de
las experiencias. Es significativa la aportación que respecto a
este tema realiza uno de los participantes en la segunda experiencia al
decir que "he aprendido que el trabajo colaborativo es muy complejo".
Muchos son los trabajos de investigación que demuestran la utilidad
del método cooperativo en la enseñanza aunque, a nuestro
entender, los resultados más positivos se producen casi siempre
en situaciones presenciales. Por ello, pensamos que todavía los
sujetos no están preparados del todo para mantener una comunicación
a través de entornos telemáticos, casi siempre de modo escrito.
Así, volvemos a una idea ya expresada por Escudero (1983) "si
queremos enfrentarnos con los medios desde una perspectiva instructiva,
es necesario no marginar el contexto normal de funcionamiento" (p.116),
y por lo tanto debemos examinarlos desde el punto de vista de su "usualidad
didáctica".
Con las líneas anteriores no queremos decir que los sujetos no
sean capaces de trabajar en red, sino que todavía existen ciertas
limitaciones provenientes de la falta de uso cotidiano de las herramientas
telemáticas, por ejemplo, no darse cuenta de que tu remitente no
conoce los sentimientos desde los que te comunicas o tu estado de animo,
o no sabe interpretar las bromas que puedes hacer. La comunicación
a distancia es diferente a la presencial, no recibes retroalimentación
constante del sujeto con el que estás estableciendo la comunicación
y eso hace que quizás tengamos que pensarnos más lo que
escribimos o decimos a los compañeros que están trabajando
con nosotros. En un espacio no presencial hay un contexto social y una
cultura más diversos, una mayor heterogeneidad en los participantes,
mayor variedad de tipos de comunicación dependiendo del mediador
utilizado (sincrónico o asincrónico) y por supuesto una
socialización totalmente diferente (Prendes, 2000, 2003). Como
ya hemos comentado en otros trabajos, desaparecen las distancias físicas
en relación con el espacio y el tiempo, pero aparecen nuevas distancias
en ocasiones más difíciles de salvar, distancias de tipo
cultural, social, lingüístico o económico. Quizás
tengamos que abordar primero este tipo de distancias para poder avanzar
en situaciones educativas como la que aquí presentamos.
Así pensamos que para que sea realmente válido el uso de
una metodología colaborativa en enseñanza no presencial,
tiene que ir acompañada de una formación previa sobre lo
que es y cómo se trabaja con dicha metodología. En nuestra
opinión no se puede realizar un trabajo colaborativo no presencial
de un modo productivo si antes no se han aprendido los principios metodológicos
que sustentan este tipo de enseñanza, formación que incluso
puede ser más importante que el propio uso del entorno telemático
que se vaya a utilizar, puesto que éste último es un aprendizaje
rutinario y semejante a otros muchos que el sujeto está acostumbrado
a hacer y a aprender por ensayo y error.
Todo ello sin olvidarnos de que los ordenadores en mayor medida, pero
también las redes telemáticas, son el instrumento común
de muchas de las innovaciones tecnológicas de nuestros días.
Esto nos lleva a tener que acostumbrarnos a lidiar en un grado u otro
con ellos, bien como usuario o bien como especialista, para no ser desplazados
del ámbito laboral, al ser cada vez más las profesiones
que incorporan su uso entre sus funciones básicas. Por lo tanto
tenemos que dar respuesta desde la educación a estos aspectos y
potenciar en los alumnos todas las competencias que todavía parecen
no estar asumidas.
7. Referencias bibliográficas.
ALFAGEME GONZÁLEZ, M.B. (2003): Modelo colaborativo de enseñanza-aprendizaje
en situaciones no presenciales: un estudio de caso. Universidad de Murcia.
Tesis doctoral inédita.
CABALLO, V.E. (1993): Manual de evaluación y entrenamiento de las
habilidades sociales. Madrid. Siglo XXI. Editores.
ESCUDERO MUÑOZ, J. M. (1983): La investigación sobre medios
de enseñanza: revisión y perspectivas actuales. Enseñanza,
1, pp. 87-119. Salamanca.
PAZ, M. B. (2000): Espacios de trabajo compartido (workspace): metodología
y posibles aplicaciones telemáticas. RIBIE, Viña del Mar,
Chile. <URL: http://www.c5.cl/ieinvestiga/actas/ribie2000/posters/193/index.htm>
[consultado 2 abril 2003]
PRENDES ESPINOSA, M. P. (2000): Trabajo colaborativo en espacios virtuales,
en Medios audiovisuales y Nuevas Tecnologías para la formación
en el siglo XXI. CABERO ALMENARA, J.; MARTÍNEZ SÁNCHEZ,
F. Y SALINAS IBÁÑEZ, J. (Coords.) Murcia: DM.
PRENDES ESPINOSA, M.P. (2003): Aprendemos... ¿cooperando o colaborando?
Las claves del método, en Redes de comunicación en la enseñanza.
Las nuevas perspectivas del trabajo corporativo. MARTÍNEZ SÁNCHEZ,
F. (Comp.) Barcelona: Paidós.
ROMAN GRAVÁN, P. (2002): El trabajo colaborativo en redes. Análisis
de una experiencia en la R.A.C.S. Tesis doctoral inédita. Sevilla.
Universidad de Sevilla.
RUÉ, J. (1998): El aula: un espacio para la cooperación,
en Cooperar en la escuela. La responsabilidad de educar para la democracia.
MIR, C. (Coord.) y otros. Barcelona: Graó.
SERRANO GONZÁLEZ-TEJERO, J. M. Y CALVO LLENA, M. T. (1994): Aprendizaje
cooperativo. Técnicas y análisis dimensional. Murcia: Caja
Murcia.
|